viernes, 10 de agosto de 2012

Memorias de una ñaña resentida

Viendo algunas fotos antiguas y acudiendo al "baúl de los recuerdos", han vuelto a mi memoria viejos momentos que pasé cuando era pequeña. No, nada de fiestas infantiles con piñatas, juguetes, zapatillas con luces, no. Hoy he decidido crear este nuevo post, simple y llanamente para quejarme de nuestros siempre abusivos padres que con sus palabras, órdenes y acciones marcaron de diferentes maneras nuestra niñez.

Por ejemplo, a mi me obligaban a jugar con mis "primitos", cuando mi vieja siempre supo que era una bendita uraña y que no me divertía jugando con otros. (Para mayor información leer el post anterior titulado 'I'm not alone, I'm just a loner) Es que creo que tenía la esperanza de que fuese una niña normal, nunca lo fui. Tampoco me gustaba que mi madre ignorase mis berrinches, ni más faltaba. Una vez, estaba por Plaza San Miguel y me quería subir a los juegos mecánicos, lo que hice fue tirarme al piso y mirar con los brazos cruzados y un ceño fruncido a mi madre. Ipso facto, mi madre se largó y nunca volvió a mirar atrás. Esa es mi viejita, caracho. Yo era muy valiente, a mi no me asustaban los siempre tenebrosos "a la una, a las dos..." o las premoniciones maternales como el "te vas a caer", "vas a mancharte", etc.  Pero la frase emblemática de toda madre, de todos los tiempo y la cual realmente colma mi paciencia es el  "has lo que quieras", que traducido al castellano coloquial sería "jódete":

Sin embargo, hay tres cosas memorables que fuertemente marcaron mi infancia: los peinaditos ridículos, la ropita sacada del closet de la abuela y la loncherita. A ver, cómo podemos explicarle a las madres que los peinados "palmera" son historia,  que los bobos deberían estar prohibidos ante la ley. Y lo más importante, cuándo entenderán  que el olor del huevo duro de la lonchera no te lo perdona ni el 'wachi' del nido. Ahhhh, tiempos diferentes se avecinan, roguemos por la nueva generación de padres. Amén.

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